Almeida de Sayago está situado en la penillanura sayaguesa, relativamente próximo a los Arribes del Tormes y del Duero. Es pueblo habitado desde la más remota antigüedad, como lo demuestra la presencia del dolmen “El Casal del Gato”, excavado por el P. Morán y lugar mágico como lo demuestran las numerosas cazoletas excavadas en rocas próximas diseñando dibujos diversos. En esto sin lugar a dudas mucho han tenido que ver los cercanos Hervideros de San Vicente, es decir, surgencias de aguas sulfhídricas, que, por su singularidad, atrajeron a gentes de distintas culturas. Hoy allí ha renacido un balneario del siglo XIX. Paisajísticamente también destacan las “riberas”, especialmente en primavera, muchas cruzadas por pontones de raigambre popular.
Y puente importante, de traza actualmente medieval, por más que se le quiera ver romano, es el que salva la rivera de Belén en la localidad. La iglesia del siglo XVII muestra en su interior el gótico final y sobriedad en el exterior; guarda como joya el cuadro de la Virgen del Carmen protegiendo a Santa Teresa y otros santos carmelitas, obra de Carreño.

La Vaca Bayona

TIPO: Mascarada de Invierno    FECHA: Domingo gordo de Carnaval     DURACIÓN: Por la tarde
La Vaca Bayona venía saliendo de forma exclusiva el Domingo Gordo de Carnaval. La apuesta firme del Ayuntamiento de convertirla en símbolo de la localidad está haciendo que durante los dos últimos años salga también un rato el Martes de Carnaval y en algún momento variable de las fiestas de San Roque, entre el 14 y el 17 de agosto.

TIPO Y DISTRIBUCIÓN TEMPORAL DE LOS ACTOS

Salida y recorrido de las calles.

Descripción:

Sale desde que se recuperó hace unos ocho años el Domingo Gordo o de Carnaval, a las cinco de la tarde y está moviéndose en torno a una hora y media.

Datos históricos y legendarios vinculados con la celebración festiva

En relación a la Vaca Bayona, sólo hay tradición de ella. Sin embargo, sí que hay referencia a una “obisparra” que se celebraba en la localidad y de la que, sin lugar a dudas, la Vaca Bayona formaría parte. Se trata de la Visita Pastoral que efectúa a la localidad Alonso de Madrid en el año 1605. De ella se puede concluir lo siguiente:

1. Se celebraba el día de San Esteban, el 26 de diciembre.

2. Uno de los mozos hacía de “obispillo”.

3. Entraba en la Iglesia “con mucho acompañamiento y poca reverencia haciendo en ella cosas indecentes”

4. Salía de la iglesia a campana tañida, convocando a todos los vecinos y predicaba diciendo cosas “perjudiciales a la honra de muchos, principalmente de mujeres”

5. Condena ya al pago de tres ducados a un mozo por haber hecho de obispillo.

6. Condena al barbero del pueblo con ducado y medio por haber compuesto las coplas.

7. Condena con ducado y medio a los dos mayordomos “como autores y movedores a semejante insolencia”.

Se viene diciendo (Blanco González, 2004, 30; Rodríguez Pascual, 2009, 193) que el origen de la fiesta está en que, cuando se soltaban a pastar las vacas, algunas entraban en terreno acotado, por lo que el guarda de los sembrados las cogía y las encerraba en un corral hasta que su dueño pagara una multa.
Dado que muchos carecían del dinero suficiente para pagar la multa, las que quedaban por rescatar se subastaban, excepto una a la que se dejaba pastar libremente hasta el día de Año Nuevo siguiente, en que era sacrificada y consumida por todos los vecinos. Y como se necesitaba algo de dinero para prepararla y comprar el vino y el pan necesarios para la comida comunal, uno se vestía de Vaca Bayona y salía a pedir el aguinaldo.

Espacios urbanos

Aunque recorre algunas calles de la localidad, la mayor parte de la función, discurre en la plaza, junto al Ayuntamiento.

Organización, Participantes y Asistentes

Organizadores:

La organización corresponde en exclusiva al Ayuntamiento.

Personas y Colectivo Social Participante:

Lo que fue hace mucho tiempo una fiesta popular, ahora ha quedado reducida a una fiesta para niños y para sus madres y abuelas. Todos ellos suelen participar, incluso disfrazados, para ambientar la fiesta.

Actualmente, la fiesta, de la que el Ayuntamiento está haciendo bandera, promocionándola todo lo que puede en el exterior, no está integrada en la vida del pueblo en general, pues le falta el componente festivo del baile, que era el que antiguamente le daba tono y en el transcurso del cual aparecía la Vaca Bayona. No obstante, hay que reconocer que cada día se va sumando más gente a la misma.

Espectadores y Asistentes:

Esta fiesta, que se mantuvo durante muchos años, de forma exclusiva, dentro del ámbito escolar, gracias a la labor del maestro local D. Juan Antonio Panero, que recuperó algo que él había vivido de pequeño y quería que sus alumnos conocieran, salió por primera vez, a instancias nuestras, a la calle en 2005, convenciendo al maestro y escritor sayagués.

Los espectadores éramos un fotógrafo portugués y los participantes eran media docena de niños y el adulto que hacía de Vaca Bayona.
Desde esa fecha, la Vaca Bayona se ha ido convirtiendo en acontecimiento local, con mayor participación y espectadores, aunque nunca superando el ámbito local.

Financiación de la festividad

Todos los costes de cuidado y mantenimiento de Vaca Bayona y refresco o chocolatada final corre a cargo del Ayuntamiento.

Elementos y Componentes Festivos

La celebración actual consiste, desde la salida de un local del Ayuntamiento, en un recorrido por las calles próximas, persiguiendo a chiquillos, mientras el Vaquero arroja paja a los que encuentra. Hay momentos en que la Vaca acomete al Vaquero descuidado, que se defiende con la cacha. Últimamente, se suelen tirar caramelos al suelo para que los chiquillos vayan a recogerlos, momento que la Vaca aprovecha para atacarlos.
También suele acometer al pelele denominado en la localidad Pedro Pajas, al que últimamente llevan a pie y lo dejan en el suelo para que la Vaca lo embista. No obstante, hay años que sale a lomos de un burro y, cuando la Vaca hace acto de acometer al burro, éste sale corriendo, tirando al suelo al pelele, lo que suele provocar el alborozo entre los chiquillos.
Es curioso constatar que en el pueblo soriano de Muriel de la Fuente (Soria) también salía otra Vaca y otro pelele llamado Perico Pajas, con actos similares al nuestro. Ya intuía Caro Baroja que no había que extrañarse por ver modelos de fiestas similares separadas por muchos kilómetros de distancia.

Descripción y características de los personajes festivos

Sólo hay dos personajes, uno el que lleva la Vaca Bayona y otro el Vaquero. Misión de la Vaca es embestir o simular embestir a la gente, correr detrás de ella. El Vaquero, teóricamente, es el que debe dominar los impulsos de la Vaca, pero antiguamente lo que hacía era colaborar con ella para atrapar principalmente a las mozas. Ahora la acompaña y colabora al caos arrojando paja o ceniza que lleva en unas alforjas.

Indumentaria

El Vaquero viste al modo usual de los vaqueros modernos de la zona: mono azul y sombrero de paja, llevando una alforja con paja o ceniza. En sus manos lleva una cacha.
El pelele denominado Pedro Pajas es un muñeco vestido con mono o con ropas viejas y relleno de trapos y de paja.

Animales asociados a la fiesta

La Vaca Bayona está formada por un armazón de madera triangular y alargado, para ser llevado sobre los hombros. En su extremo delantero lleva una abertura para posibilitar la visión del que la porta, los cuernos de vaca y una máscara de corcho, pintada en negro simulando la cabeza del animal, resaltando en blanco ojos, nariz y boca; al cuello, un cencerro.
Lo lleva una sola persona, que se cubre con manta negra, rematada en su parte posterior por alargado rabo; hemos visto otro modelo en el que el cobertor es de saco. Posiblemente se le haya puesto modernamente el color negro por hacer referencia a la vaca de raza sayaguesa, que es de ese color.

Valoración de los protagonistas

La Vaca Bayona actual es muy distinta de la antigua. Ha perdido parte de su ritualidad, porque también han cambiado las formas y los tiempos.
Cierto que siempre tuvo una presencia efímera. Era algo muy puntual en la fiesta del Carnaval. Hoy ha renacido adaptándose al nuevo concepto de Carnaval, como una diversión más para la chiquillería y sus padres. No obstante, a nivel de Ayuntamiento local se ha asumido, como así es, como parte de la identidad de la localidad y la potencia todo lo que puede dentro y fuera de la localidad.

Análisis del significado social y cultural de la festividad

Socialmente la Vaca Bayona, llamada también Antrueja o simplemente Vaca en otros lugares, no sólo aquí, sino en toda la comarca de Sayago y algunas zonas aledañas, formó parte imprescindible de las fiestas de Carnaval. Con distintos matices o pequeñas variaciones en los personajes o actos que realizaba está aún enraizada en las personas de edad. En cambio, la gente joven, que ya no la vivió, desconoce, incluso, su existencia.
En Almeida, desde el año 2005, vuelve a ser vista como algo propio, aunque siempre con la añoranza y el recuerdo de aquella otra: “Esto no es lo que era”.
Culturalmente, no sólo esta Vaca de Almeida, sino la figura de estas Vacas ha sido objeto de distintos estudiosos, encabezados por Ramón Carnero Felipe, que fue el que las dio a conocer de forma global y aportó algunos documentos esclarecedores sobre su origen.
Anteriormente, el portugués Luis Antonio Domingues Polanah (1996, 298), que hizo su tesis doctoral sobre el campesinado sayagués en esta localidad, le dedicó a la Vaca Bayona tan sólo unas líneas.
La conoció en el año 1979, ya en plena decadencia, apenas mantenida por muchachos de diez a doce años. Dice que viste capa y que intenta asustar a niños y mujeres que huyen por las calles. Recuerda que antes la representaban los quintos, cubriéndose con mantas o colchas de colores y que el punto álgido era cuando acudían otros mozos sobre jumentos y la Vaca los perseguía, simulando caídas graciosas, que divertían a todos. Sólo ve a la Vaca Bayona como diversión.
Ramón Carnero (1988, 35-44), después de dar las distintas variantes de las Vacas, recuerda que el ritual de la Vaca es efímero, pues se limita a una breve aparición en el baile simulando cornear a los niños y persiguiendo a las mujeres para levantarles la falda hasta que “es capeada y muerta a estoque, para que su sangre redima a todos los concurrentes”. Al año siguiente, alguien que sienta “la llamada del espíritu errante del extraño animal” se volverá a vestir. Ve en el ritual “todos los signos de un camino iniciático”, que comienza con su muerte para que, tras un período de preparación oculta, vuelva a resucitar, a lo que puede ayudar el ritmo acompasado del cencerro, lo que la emparenta con el ciclo cristiano que empieza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Resurrección. Demuestra documentalmente que son mascaradas invernales, que se celebraban el 26 de diciembre, y que se escondieron en el Carnaval para sobrevivir.
Cita localidades en que algún personaje acompañante llevaba tenazas articuladas y otro que iba sembrando paja. Cree que el nombre procede de “baiós-a-ón”, breve, escaso, oscuro, desconocido; adjetivo que se halla en los dialectos mirandés y leonés con el significado de sujeto que hace reír por ir mal vestido. Reitera el carácter “esotérico” de la Vaca Bayona, cuyo “significado está al ancance de unos pocos…, el armazón sirve para albergar el espíritu errante del animal”, que es la figura de un dios. El levantar la falda a las mujeres lo ve como “una danza sexual cuyo fin es la procreación” y que tiene como complemento el baile de la jota.
Florián Ferrero y otros (1991, 465-466), después de recordar las fiestas romanas en las que se disfrazaban de ciervos y vacas, cree que el nombre procede de “vaya”, burla o mofa, sentido que le dieron Berceo, Mateo Alemán, Quevedo, Tirso de Molina, Lope,…, en la frase “dar la vaya”. Es fiesta de quintos.
Ya de forma más genérica, Luis Ángel Sánchez Gómez (1991, 279) analiza primero el nombre: piensa que es posible su relación con la palabra “bayo”, que hace referencia al color blanco amarillento de algunos caballos, pero sin rechazar el origen del asturiano “bayón”, definido por Corominas como “buey o vaca que tiene un asta levantada y la otra caída”. Definición esta última a la que nos adherimos, puesto que el asturiano o astur leonés está muy vigente en la zona y en la cercana de Miranda de Douro, hasta tal punto que es idioma oficial en Portugal en la Terra de Miranda; además que define muy bien el aspecto desaliñado de la Vaca, lo que produce risa. Además de describir las distintas formas de llevarla dependiendo de los lugares señala que salía “dando topetazos a los espectadores y levantando las faldas a toda mujer que se pusiera por delante” y las asimila a otras vaquillas peninsulares.
Atienza (1997, 60), que ha recibido toda la información de Ramón Carnero, vuelve a identificar toro y vaca.
Blanco González (2004, 29-30) piensa que el nombre de “vayón-a” hace referencia a quien hace reír por su atuendo, andares o estar muy delgado y que se celebraba el 1 de enero. Como novedad cuenta que en algunos lugares llevaba tornadera con la que levantaba los vestidos de las mujeres.
Nosotros (2006, 136; 2009,167) vimos la Vaca como símbolo de la tierra nutricia, refrendado en el folklore germánico o en el Tao, y por tanto, como “símbolo de la fertilidad, ligada más al ciclo agrario que al ganadero”.
Francisco Rodríguez Pascual (2009, 187-197) aporta como datos de una localidad, Viñuela, que salía con bolsa para donativos en la petición de aguinaldo y tornadera, que salía el 31 de diciembre y el 1 de enero hasta que pasó a Carnaval, que la Vaca atacaba sobre todo a niños y mozas, a otros Peleles (mozos con monos rellenos de paja) y al Pelele (muñeco lleno de paja). Todo terminaba en una comida comunitaria. Se inclina por el origen mirandés y leonés de la palabra “baiós-a-ón” que propone Carnero, al que sigue en la mayor parte de sus propuestas.

Interpretación de la fiesta

Venimos observando desde hace tiempo que todas las Vacas y Vaquillas, donde quiera que se dan, con sus múltiples similitudes y variables, todas tienen algo en común: siempre surgen nuestras simbólicas Vacas en terrenos de dudosa calidad agrícola, zonas más ganaderas o forestales y, además, se puede constatar que la vaca, como animal de tiro o como productor de terneros era el animal esencial en estos territorios.
Toda Sayago, la Terra de Miranda do Douro, donde hubo Vacas, la penillanura de dehesas salmantina, donde también hubo Vacas, Abejar en Soria, la sierra madrileña, con Vacas y Vaquillas nos hablan de terrenos con berrocales graníticos o suelos ácidos, poco aptos para una agricultura próspera, pero sí para una agricultura de subsistencia que les compense los recursos ganaderos.
Y en todas estas sociedades la vaca era totalmente necesaria, hasta tal punto que determinaba la dependencia o independencia de los nuevos matrimonios de sus padres.
Conseguir una yunta era el sueño de todo mozo, pues significaba ser él mismo y poder formar una familia. La yunta le permitía arar esas duras tierras y poder tirar de un carro.
La vaca en estas sociedades siempre ha estado ligada a las labores agrícolas. Y en la tradición simbólica también. Tanto para los vedas como para todos los pueblos germánicos, donde la vaca “es la nube hinchada de lluvia fertilizadora que cae sobre la tierra…” (Chevalier y Gheerbrant, 1991, 1043-1045).
Para los hindúes la vaca es el símbolo de todo lo que está vivo y, por tanto, la madre de la vida (Harris, 2002, 15-16). Sánchez Dragó (1980, vol. I, 51) piensa que todas las representaciones táuricas del arte rupestre franco-cantábrico “expresan este motivo de la madre tierra, o diosa Nutricia, universalmente representada en la vaca”. Y Loução (2004,196), citando a H. P. Blavatsky, sostiene que la vaca era el símbolo del poder generador pasivo de la Naturaleza y que en la filosofía esotérica representa el papel de Naturaleza creadora, que será vivifica por el Toro o Espíritu.
Que estamos ante una mascarada invernal, refugiada en el Carnaval, ante las prohibiciones eclesiásticas, lo certifica la documentación de los pueblos zamoranos de Malillos, Pereruela y Almeida de Sayago, donde se celebraba el día 26 de diciembre, o la información recogida por Rodríguez Pascual (2009, 192-197) en Viñuela de Sayago y Mayalde de su celebración a finales de diciembre y día primero de enero.
Siempre se habla de vaca en esta zona; jamás de toro. Es animal por tanto ligado a la labranza, a la agricultura y fundamental para la vida de los sayagueses.; este carácter agrario se ve refrendado por la aparición en varias localidades de un compañero sembrador de paja y su carácter fertilizador se constata en la costumbre generalizada de que la Vaca tenía como objetivo levantar las faldas de las mujeres, incluso, a veces, ayudado de una tornadera, útil exclusivamente agrario. La simbología universal también ratifica el carácter de símbolo de la tierra nutricia para la vaca.
Por todo ello, creemos que estamos ante un sencillo ritual de magia simpática, de la clase homeopática, según la clasificación de Frazer (2006, 34-35), conforme a la ley de semejanza, en que lo semejante produce lo semejante o los efectos semejan a sus causas. Aquí la Vaca Bayona o Antrueja sale en el solsticio de invierno, donde no tiene ningún trabajo, para propiciar su salida posterior a los quehaceres agrarios como consecuencia de la fertilidad que transmite, fertilidad extensible a las mujeres a las que se acerca.

Alteración y Transformación

La alteración respecto a cómo era originalmente es muy grande. No en cuanto a la Vaca en sí, que es similar, sino en cuanto a la celebración, pues era promovida por los mozos, que la sacaban por la tarde del Domingo y el Martes de Carnaval. Su objetivo era cornear a cuantos pudiera, pero sobre todo intentar levantarle las faldas a las mozas.

Sabemos que salía ella sola, sin gañán ni sembrador. En cuanto a Pedro Pajas sí que aparecía, pero lo hacía de forma independiente y sin relación alguna con la Vaca; lo vestían los mozos con chaqueta y corbata y solían colocarlo junto a las puertas de casa, para que, al salir, los dueños se asustaran. Uno de nuestros informantes recuerda que estaba tan logrado que una de sus hijas creyó que era de verdad un hombre.
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